República Dominicana ante la crisis hídrica: sequía e inundaciones

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La gestión del agua en República Dominicana: Un desafío estructural más allá de la lluvia

República Dominicana atraviesa un escenario complejo que evidencia la urgencia de transformar la gestión hídrica nacional. Mientras el país experimenta alertas por lluvias intensas en diversas demarcaciones, las autoridades, encabezadas por el director del Instituto Nacional de Aguas Potables y Alcantarillados (Inapa), Wellington Arnaud, mantienen el llamado a la prudencia y al ahorro del recurso ante los periodos de sequía que afectan los niveles de las presas.

Aunque técnicamente un aguacero no garantiza la recuperación inmediata de los acuíferos, la verdadera paradoja reside en la incapacidad de gestionar el agua tanto en su exceso como en su escasez. Cuando las precipitaciones son abundantes, el sistema de drenaje actual se ve superado, provocando inundaciones, mientras que, ante la falta de lluvias, la insuficiencia en el almacenamiento limita el suministro a la población.

Hacia una planificación integral

Para romper este ciclo de emergencias constantes, Alofoke Deportes analiza las claves necesarias para asegurar la sostenibilidad del recurso hídrico en el territorio:

  • Ampliación de la capacidad de almacenamiento y modernización de acueductos.
  • Mejora drástica en el sistema de drenaje pluvial para evitar inundaciones urbanas.
  • Protección rigurosa de las cuencas hidrográficas y los acuíferos.
  • Reducción de las pérdidas en las redes de distribución.
  • Fomento al tratamiento y reutilización de aguas residuales.

No podemos controlar cuándo llueve, pero sí decidir si el agua que llega se convierte en recurso o vuelve a convertirse en problema.

Inversión y visión de futuro

El Estado dominicano ha reportado inversiones que superan los RD$37,000 millones destinados a saneamiento y agua potable, destacando proyectos de gran envergadura como la ampliación del Acueducto del Cibao Central. No obstante, el desafío exige que estas obras dejen de ser vistas como soluciones aisladas.

La planificación debe integrar el crecimiento urbano, el ordenamiento territorial y la infraestructura hídrica como un solo sistema interconectado. Es fundamental proyectar las necesidades de consumo de la nación para las próximas décadas, asegurando que la infraestructura sea capaz de responder al crecimiento demográfico.

Finalmente, aunque se requiere de la conciencia ciudadana para evitar el vertido de desechos en cañadas y fomentar el ahorro, la responsabilidad estatal debe ser el eje central. La meta es clara: dejar de reaccionar ante las crisis climáticas para pasar a una gestión preventiva y eficiente del agua.

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