La nueva estrategia comunicacional del Gobierno: ¿Transparencia o control informativo?
La comunicación política en la República Dominicana ha evolucionado hacia un modelo de alta producción, donde la transparencia se presenta bajo un esquema cuidadosamente diseñado. Este lunes marcó el inicio de “LA Agenda Semanal”, un formato presentado por la Presidencia como una ventana abierta para que la ciudadanía observe la supervisión de proyectos, la revisión de indicadores y la toma de decisiones por parte del presidente Luis Abinader.
Sin embargo, la implementación de este nuevo espacio ha generado diversas interrogantes debido a su naturaleza: se trata de una reunión ejecutiva televisada en circuito cerrado donde el acceso presencial de la prensa ha sido restringido. En este esquema, el mandatario asume el rol de conductor, interrogando a sus propios funcionarios, mientras que los medios de comunicación deberán enviar sus inquietudes con antelación o formularlas durante la transmisión.
El cambio de paradigma: De la interacción a la producción
Este formato sustituye a “LA Semanal con la Prensa”, que durante más de dos años permitió una interacción directa entre el mandatario y los periodistas. La transición hacia “LA Agenda Semanal” marca una diferencia fundamental en la filosofía de comunicación gubernamental:
- Antes: El Gobierno respondía a cuestionamientos directos de la prensa sobre diversos temas de interés nacional.
- Ahora: El Gobierno se autogestiona las preguntas, controlando el flujo de información y el contexto de las respuestas.
Un periodista no está para ayudar al funcionario a lucirse; está para cuestionar aquello que no está claro, como los presupuestos, los contratos o los proyectos inconclusos. La rendición de cuentas comienza justamente cuando alguien pregunta por aquello que el poder preferiría no explicar.
–>
La diferencia entre informar y rendir cuentas
Aunque el Gobierno asegura que mantendrá la difusión a través de múltiples plataformas —radio, televisión y redes sociales—, es necesario distinguir entre la información gubernamental y la rendición de cuentas. La primera consiste en que el poder explique lo que desea comunicar, mientras que la segunda requiere de un escrutinio externo que no se limite a un libreto preestablecido.
El desafío para la administración actual radica en que, al colocar una distancia entre la gestión pública y quienes tienen la tarea profesional de cuestionarla, se corre el riesgo de convertir la rendición de cuentas en una pieza de producción audiovisual. La verdadera transparencia no es solo mostrar resultados, sino permitir que el poder sea examinado por voces independientes que no forman parte de la estructura gubernamental.
En última instancia, la confianza en un gobierno se fortalece cuando este es capaz de resistir las preguntas que no controla. Como bien se ha señalado, cuando un poder está seguro de sus resultados y de la capacidad de sus funcionarios, rara vez necesita ser quien decida quién sostiene el micrófono.








