Debate en Santo Domingo: ¿Cambiar el nombre de «empleada doméstica» mejora la situación laboral?
La reciente propuesta del presidente Luis Abinader, orientada a sustituir el término «empleada doméstica» por considerarlo despectivo, ha encendido un intenso debate entre los ciudadanos de Santo Domingo. La iniciativa, que busca dignificar la labor de quienes trabajan en el hogar, ha generado reacciones encontradas sobre si el cambio de nomenclatura es realmente una prioridad.
Mientras una parte de la población ve con buenos ojos el uso de un lenguaje más inclusivo y respetuoso, otros sectores insisten en que los esfuerzos gubernamentales deberían enfocarse en mejorar las condiciones estructurales del empleo, tales como salarios, seguridad social y protección legal.
Prioridades: ¿Lenguaje o marco legal?
Para muchos ciudadanos, el problema de fondo no reside en el nombre del oficio, sino en la falta de garantías que experimentan estas trabajadoras. José Antonio Monedero Jiménez, uno de los consultados, fue enfático al señalar que el enfoque debe estar en la ley.
Creo que lo que debe cambiar no es el nombre, es el marco legal que las protege. Le pueden poner veinte mil nombres poéticos, lo que sea, y si el marco legal que hay, la calidad de vida que ellas puedan obtener no significa nada.
José Antonio Monedero Jiménez
Monedero Jiménez recalcó que el oficio es digno por sí mismo y que no existe razón para sentir vergüenza, sugiriendo que el Gobierno debería priorizar las prestaciones laborales y el acceso a seguros médicos para estas trabajadoras.
Voces divididas en la capital
- Postura conservadora: Algunos ciudadanos, como Jordan Hernández, consideran que el término no es denigrante y que se trata de un simple uso del lenguaje. Hernández abogó por llamar a las cosas por su nombre y evitar cambios innecesarios.
- Postura a favor: En contraste, ciudadanas como Gladys apoyan la iniciativa bajo el argumento de que un término más «lindo» podría elevar la autoestima de las trabajadoras. Según ella, muchas evitan identificarse con su ocupación debido al estigma que aún persiste en la sociedad.
En última instancia, el debate sobre el término «empleada doméstica» ha puesto de manifiesto la necesidad de un equilibrio. La discusión subraya que, más allá de la semántica, el verdadero desafío para las autoridades y la sociedad sigue siendo la dignificación integral del trabajo doméstico, integrando tanto el reconocimiento social como el fortalecimiento de sus derechos fundamentales.









